El Documento de Aparecida es fruto del la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, quienes estuvieron reunidos el mes de mayo de 2007 en Aparecida Brasil. El Papa Benedicto ha autorizado su publicación (29 junio 2007). Es asumido por todos los obispos, quienes son los primeros responsables de la Evangelización es las respectivas diócesis. Los sacerdotes son los colaboradores de los obispos en esta tarea, cuidar del pueblo de Dios en las parroquias. En las parroquias, con sus distintos miembros: agentes de pastoral, catequistas, animadores de comunidades, grupos apostólicos, movimientos… se concretiza en aquellos aspectos que sean más urgentes.
1. LATINOAMÉRICA, ¡HA LLEGADO LA HORA DE LA MISIÓN!:
La
presencia en esta V Conferencia del Sumo-Pontífice, Su santidad Benedicto XVI
fue vital para que él desde su experiencia episcopal y pastor de la Iglesia
Universal, dirigiera desde su sabiduría, su verdad y su amor la gran misión que
emprende Latinoamérica y El Caribe para ser verdaderos testigos del Evangelio
llevándolo a todos los confines del mundo.
En la senda abierta por el Concilio Vaticano II y en
continuidad creativa con las anteriores Conferencias de Río de Janeiro, 1955;
Medellín, 1968; Puebla, 1979; y Santo Domingo, 1992, han reflexionado sobre el
tema Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él
tengan vida. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, y han procurado trazar
en comunión líneas rectas para proseguir la nueva evangelización a nivel
regional.
Es
importante también la oración que todos estos pueblos hacen para encomendar en
manos del Buen pastor, Jesucristo, la tarea que el Episcopado emprende a fin de
hacer personas más comprometidas con el anuncio del evangelio desde las
pequeñas comunidades de cada Iglesia Diocesana, resaltando también la tarea de
evangelización que hicieron con tanto amor y humildad, santos de nuestra
región.
2.
INVITADOS AL CONOCIMIENTO DE JESUCRISTO DESDE LA RELIDAD DE AMERICA LATINA:
Benedicto
XVI en su Discurso Inaugural de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano
y del Caribe, nos dice: “La globalización
se manifiesta como la profunda aspiración del género humano a la unidad”; no podemos pensar solo en un crecimiento
desequilibrado donde unos son más poderoso que otros sino pensando el bien
común y la defensa de la dignidad humana, propio de los verdaderos cristianos.
Debemos
entrarnos en un verdadero proceso Kerigmático, de conocimiento de ese Maestro,
de ser como los primeros discípulos de Jesús: “Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con él aquel día” (Jn 1,39). Todos
estamos llamados a ser discípulos del Señor en la Iglesia, a anunciar el evangelio a todos los confines del mundo,
pero no alejándonos de la realidad de nuestros pueblos. Nuestra gente está
buscando a Dios en donde no se puede encontrar, estamos ante una sociedad que
quiere creer las verdades de la fe a su manera. La tarea de la misión y
evangelización no es solo de los sacerdotes, religiosos y consagrados; todos
estamos llamados a dar prueba y testimonio de nuestra fe, el ayudar a encontrar
a la gente a Dios por medio de la Santa Iglesia de Jesucristo.
América
ha sido un continente pluricultural, religioso y de riquezas naturales, eso hay
que conservarlo para tener la verdadera fraternidad y el progreso de los
pueblos. Varias irrupciones sociales de la región como son los indígenas,
afroamericanos, mujeres y profesionales se están dando a la tarea de luchar e
implementar por una democracia participativa, en donde nadie sea excluido y
discriminado, estamos ante personas que quieren y desean el bien común.
Muchos
parlamentos aprueban leyes injustas por encima de la dignidad del hombre,
porque a veces somos ignorantes a la hora de contradecir y protestar, de luchar
por el bien de nuestras comunidades, para esto está el apoyo de la Iglesia
Católica que quiere hacer los designios de Dios en: “Que todos los hombres se salven, y lleguen al conocimiento de la
verdad”.
Nuestros
pueblos de Latinoamérica están dados a la veneración de los santos misioneros,
tomándolos como un ejemplo de vida, por su entrega total a Jesucristo en favor
de la salvación del género humano. En la mayoría de las comunidades de la
región se respeta mucho la figura del sacerdote y más que éste es un territorio
en Misión Permanente, el dar a conocer a Jesucristo Camino, Verdad y Vida no necesariamente
incorporándonos a territorios difíciles de misión sino desde el hogar, la
parroquia, la comunidad, las escuelas y colegios dando testimonio de nuestra
condición de auténticos Cristianos Católicos para atraer a muchos hacia el
rebaño del Pastor Santo.
3.
EL SEGUIMIENTO DEL MAESTRO COMO DISCIPULOS MISIONEROS:
Entramos
ya a una etapa de formación en donde Cristo como Maestro, nos llama a
participar de su escuela de formación del discipulado misionero; a ese camino
nos invita la Iglesia Latinoamericana y del Caribe a entrar en ese proceso de
enseñanza y de práctica de la fe para llegar a mostrar a los demás que somos
testimonio vivo de las enseñanzas de Jesucristo.
Jesucristo
es el enviado de Dios, el principal evangelizador, que nos da las herramientas
y los dones por medio del Espíritu Santo, para dar a conocer su mensaje de
vida, de amor y paz que nos lleva a la salvación de la cual somos
partícipes. El evangelio del Maestro
debe ser lo que nos motive a hacer el discipulado, para toda la vida, pues Él
lo dice: “Si alguno quiere venir en pos
de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame” (Lc 9,23);
ésta condición vocacional que establece Jesús, exige ya no ser nosotros, a
dejar nuestro yo, para convertirnos en instrumentos suyos de la evangelización
en el mundo.
Todo
discípulo está llamado a una vocación específica: a la Santidad, por medio del
Bautismo mediante la efusión de gracias y dones del Espíritu Santo. Por eso es
que Jesucristo hace a todos partícipes de la santidad: “hombres y mujeres, pobres y ricos, judíos y extranjeros, justos y
pecadores…, invitándolos a todos a su seguimiento.” (DA 147).
En
la Escuela Rabínica de Jesús, no somos simplemente sus discípulos o sus
servidores, Él da un muy hermoso ejemplo de humildad cuando dice: “No os llamo siervos, porque el siervo nunca
sabe lo que suele hacer su amo; a vosotros os
llamo amigos, porque todo lo que he oído de mi Padre, os lo he dado a
conocer” (Jn 15, 15).
La
Iglesia Católica debe ser una unidad de discípulos misioneros que consideran la riqueza espiritual de la piedad
popular católica, una espiritualidad trinitaria, cristocéntrica y mariana de
estilo comunitario y misionero, y variados procesos formativos, con sus
criterios y sus lugares según los diversos fieles cristianos, prestando
especial atención a la iniciación cristiana, la catequesis permanente y la
formación pastoral.
Debemos
vivir un verdadero proceso de discipulado misionero para buscar revitalizar la vida de los pueblos Latinoamericanos, que permanezcan
y avancen en el seguimiento de Jesús, Maestro y Formador de semillas de
esperanza en su Iglesia.
4.
PROCLAMAR LA BUENA NUEVA DE JESÚS A TRAVÉS DE UN ESTADO
PERMANENTE DE MISIÓN:
La comunidad y misión son otros de los ejes del
discipulado misionero, aquí es donde se nos prueba y donde somos la luz que
guía los caminos de la humanidad. Los discípulos debemos ser los testigos de
esa misericordia de Dios y debemos cumplir el mandado de Cristo antes de
ascender a los cielos: “Id, pues y haced
discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y
del Espíritu Santo” (Mt 28, 19), todo el pueblo cristiano y cualquier
persona está llamada a ser discípulos, no importando su rol, llevando a Cristo
a los confines del mundo para que crezca el número de sus seguidores.
Aquí, en América, se desarrolla una gran opción de la
Conferencia: convertir a la Iglesia en una comunidad más misionera. Con
este fin se fomenta la conversión pastoral y la renovación misionera de las
iglesias particulares, las comunidades eclesiales y los organismos pastorales.
Aquí se impulsa una misión continental que tendría por agentes a las diócesis y
a los episcopados.
Fomentar en las familias y matrimonios, la misión debe
ser la gran apuesta para formar así pequeñas comunidades eclesiales que ayuden
en esta tarea de la Iglesia Católica. Jesús en el proyecto salvífico hizo
participes a publicanos y pecadores, acogió niños y mujeres en el discipulado,
y luego con ese mandato “Id y Evangelizad
al mundo”, les dio poder para convertir a las gentes y formar el gran
pueblo de Dios que hoy es la Iglesia.
Con un tono evangélico y pastoral, un lenguaje directo y
propositivo, un espíritu interpelante y alentador, un entusiasmo misionero y
esperanzado, una búsqueda creativa y realista, los obispos quiere renovar en
todos los miembros de la Iglesia, convocados a ser discípulos misioneros de
Cristo, “la dulce y confortadora alegría de evangelizar” (EN 80), llevando las naves y echando
las redes mar adentro, desea comunicar el amor del Padre que está en el cielo y
la alegría de ser cristianos a todos los bautizados y bautizadas, para que
proclamen con audacia a Jesucristo al servicio de una vida en plenitud para
nuestros pueblos.
Con todos los miembros del Pueblo de Dios que peregrina
por América Latina y El Caribe, los discípulos misioneros encuentran la ternura
del amor de Dios reflejada en el rostro de la Virgen María. Nuestra Madre
querida, desde el santuario de Guadalupe, hace sentir a sus hijos más
pequeños que están cobijados por su manto, y desde aquí, en Aparecida,
nos invita a echar las redes para acercar a todos a su Hijo, Jesús, porque Él
es “el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn
14,6), sólo Él tiene “palabras de
Vida eterna” (Jn 6,68) y Él vino para que todos “tengan Vida y la tengan en abundancia”.
“SEÑOR ¿A QUIÉN IREMOS?, TÚ TIENES PALABRAS DE VIDA
ETERNA”
(JN 6, 68)
no se es cristiano por una ideología o una filosofía , si no por una experiencia con una persona , cristo.
ResponderEliminarque bueno es reconocer los puntos de la mision
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